diumenge, 11 de juliol de 2010

Que nuestra voz se oiga en todos los rincones. Id en paz.


Durante muchos años he militado una buena fe constante con mis vecinos españoles. En según qué épocas, mis amistades madrileñas eran más abundantes que las que tenía aquí al lado. Decir que he sido maltratada personalmente sería exagerar y mentir vilmente porque por cuatro bandazos mal dados de siete gilipollas no se puede culpar a todo un pueblo.
Y digo personalmente. A mí, a la cara y de frente.
Mi forma de ser me ha impulsado a contener la violencia y a tratar por todas todas llegar al consenso, al diálogo, a una forma de compartir el mundo que nos hiciese, si no más felices, más contentos a todos.
Creí que, fíjate tú qué cosas, si yo mostraba respeto era de merecer recibir el mismo trato. Si por educación cambiaba de lengua o me reía de los manidos chistes de racañería, en España podrían entender muchas cosas.
Y así pasó un año y pasaron dos y pasaron un montón.
Ahora oigo por la televisión pública cómo se nos insulta una y otra vez. Como huele a podrido en todos los rincones. Como se manipula la información.
Y en Madrid ya no me siento muy querida. Me abordan con un "¿es cierto que si no se habla en catalán no tienes trabajo?" y yo contesto que "ni hablando catalán tienes trabajo" y ellos dale que te pego, y yo intentando hacerles comprender que apenas escribo en catalán porque todo se realiza en castellano, que más de la mitad de reuniones a las que asisto se hacen en castellano y que ya puestos, hasta mi blog es en castellano por deferencia a...
Nada.
No hay forma.
Ellos a la suya.
Mezclando la Roja con lo que sea.
¿Me importa a mi un carajo bendito la Roja? ¿Qué tiene que ver el Barça con la subida de impuestos, con hablar en tu propia lengua, con ser quién eres?

Ahora ya no queda nada. Donde hubo voluntad de acercamiento sólo hay hastío y soledad. Como cuando una pareja se separa. Es un abismo infranqueable lleno de miedos y reproches, de asco y malos recuerdos.

Ahora sólo se necesita terminar.

Y esto es lo que han conseguido las fuerzas políticas gallineras que buscan el voto contra lo que sea, que ansían poner a su Dios frente a cualquiera, que creen que saben lo que es mejor para todos, que limpian su basura en las aceras ajenas. Ellos que presionan y presionan. Ellos que no aportan nada. Ellos que quisieran que se rezase el Ave María en las escuelas. Ellos que no aceptan el aborto pero pagaron las villas de muchos médicos en Londres con sus niñas preñadas. Ellos que se visten de gala para ver ensangrentadas las ideas y las libertades y todo lo que conlleve algo que no comprenden.

Han conseguido que los que son como yo, tontos e idiotas que somos moderados, nos alcemos con indignación y digamos: Basta. Se acabó. Tú a tu casa y yo a la mía y si nos encontramos en algún sitio, olvídate de mi nombre.

Ayer lo dijimos alto y claro.
Sin violencia.
Que no te engañen a ti o a ti los que dicen que Montilla salió protegido e increpado por la extrema izquierda porque es falso. Dos señores gritando a otro no es nada.

No hubo incidentes.
No hubo mal rollo.
Somos la esposa abandonada y maltratada que, por fin, con un par de ovarios dice: Ahí te quedas. Que los huevos te los fría tu santa madre.

Dignidad. Respeto.
¿Es eso pedir tanto?

Nuestra voz se ha oído.
Y aunque piensen ahora que se ganará el Mundial y todo nuestro esfuerzo acabará en un cajón perdido porque España en pleno se lanzará a la calle, la Historia marcará su punto.

Ha empezado el cambio.
En este momento.
Ahora.