dimecres, 17 de febrer de 2010

No me grites que no te veo


Así andamos.
A la greña y desmelenados.
Demasiado cansados para tomarnos las cosas con la calma que precisan, demasiado angustiados porque el tiempo pasa y los clientes no lo entienden, demasiado creativos para un mundo en el que no importa la innovación sino el carcamalismo y la ausencia de ideas.
Así andamos.
Que cuando uno dice ven, el otro contesta arroz. Que si esto no funciona, que me gritas, que no te oigo, que te digo, que te olvido y que te doy. Una y otra y otra vez.
Así andamos.
Perpetrando horrores.
Pagando hipotecas.
Sintiéndonos pequeños.
Sabiéndonos impotentes.
Soñando pasados.
Viviendo en guerra.
Fundidos a negro.

diumenge, 14 de febrer de 2010

¿Notas ese aliento en el cogote?


Sí, lo noto. Es mi cumpleaños.
Nunca lo eché de menos, por lo menos no tanto como la Navidad o el día de Reyes. Dolía. Sí. Pero ahora no. Ahora me duelen las rodillas y la contractura de la espalda. Me duelen las canas y la poca paciencia. Y me duele horrores ese cuatro enfadoso que marca esta etapa.
43, hermano. Que se dice pronto.
Pero se vive lento. O no.
Sólo quería verlo escrito para así convocarlo más suave. Ojalá sea mejor que mis 42.

dissabte, 6 de febrer de 2010

dijous, 4 de febrer de 2010

Del mal humor y otras miserias de cada día


No es lunes pero lo parece.
Amanecen ya los días vestidos de mierda y peinados de gris. Nadie puede hacer nada para cambiarlo.
Es así. Punto.
Ya no me deslizo por las teclas. Ahora choco frontalmente con ellas intentando no doblarme los nudillos ni las ideas. No pienso y apenas recuerdo. Todo el trabajo se distribuye en pesos que hunden cuerpos.
El mar está lleno de sirenas silenciosas.
En inglés los insultos suenan mejor. Como el amor. O el dolor.
Mi mesa es el despojo nauseabundo de cadáveres podridos esperando su momento para ser incluidos en el ordenador. No tienen ojos pero siento su mirada en mis manos y me quema la piel.
Nacieron hermosos. Lástima.
Esto no es fácil. Cada día es más largo, más pesado, más triste. La culpa es mía. Cambié imaginación por hipoteca y los plazos se hacen cada vez más hirientes. ¿Por qué no puedo simplemente hacer? Como todo el mundo.
Vuelve Wendy.
Vuelve Winnie.
Vuelve tú.
Y deja que yo me vaya a seguir caminos de ladrillos amarillos para perderme en ciudades esmeralda en las que los enanos bailan y las brujas de deshacen con el agua.
Punto.